Micropagos: una mala política
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Micropagos: una mala política

Nov 01 Amador  

Estamos viviendo una época convulsa en el mundo de los videojuegos. Los más veteranos tenemos en el recuerdo grandes sagas donde divertir y, casi siempre, emocionar era la prioridad de estos títulos, pero ahora lo más habitual muchas veces es apartar estos factores y priorizar la ganancia económica de la compañía de turno.

Sagas como Assassins Creed y Gran Turismo han sido manchadas, en menor o mayor medida, por un sistema de “lots”, por medio de cajas aleatorias, cartas o monedas que únicamente puedes conseguir pagando con dinero real. Incluyendo por supuesto los DLC’s anunciados ANTES de que el juego salga a la venta.

¿Por qué decimos que son una mala política? Muy sencillo; cuando una empresa valora por encima de todo la ganancia económica, los títulos que producirá se centraran en frustrarnos y crear maneras de manipularnos para que compremos lo que ellos quieran vender. Un ejemplo muy claro es la patente creada por Activision de un algoritmo donde en los conocidos matchmacking, teóricamente combates aleatorios por nivel, este algoritmo siempre nos empareja con alguien de mayor nivel y con un equipo conseguido con dinero real para generar la necesidad de obtener ese equipo a cualquier coste.

Esto es claramente una política abusiva, pero está en la linea de las grandes empresas. Al fin y al cabo ellas buscan ganar dinero y nos lo podemos esperar y en algunos casos tolerar por la calidad del producto lanzado.

El problema aparece y debemos preocuparnos mucho cuando una gran compañía como es Electronic Arts cierra estudios indiscriminadamente, por lo que muy probablemente sea una falta de ingresos en sus títulos. Hablamos de la creadora de la saga Dead Space: Visceral Games.

Alegando que se aleja del rumbo que está tomando la compañía, cierran las puertas de un estudio encargado de crear lo que nos vendieron en la E3 pasada como uno de los grandes de StarWars. Esto no solo afecta a los propios trabajadores del estudio, sino también a la calidad final del producto, ya que el cambio de estudio obliga a redefinir toda base de jugabilidad y muchas veces lo innovador se pierde por los diferentes puntos de vista de los nuevos desarrolladores.

En definitiva, comprar un videojuego cada vez se vuelve más complicado y muchas veces nos acarrea dilemas que no deberíamos ni plantearnos: porque si abalamos con nuestro dinero títulos con estas políticas, lo único que conseguiremos es que se siga repitiendo lo que queremos combatir, que nos vacíen la cartera sin escrúpulos.

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